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Las causas del hambre

La falta de alimentos ha sido una problemática constante en la historia de la humanidad. Las causas de esta escasez, sin embargo, han variado a lo largo de los tiempos y ha sido el contexto de cada época el que ha determinado los porqués de esta falta de alimento. En este texto se pretende repasar estas causas, centrándose sobretodo en los últimos 40 años, y valorar si las políticas llevadas a cabo han resultado ser una respuesta eficaz.

Dejando de lado las hambrunas producidas por fenómenos naturales que han acompañado toda la historia de la humanidad, un interesante punto de partida para este breve estudio es la aportación que hizo Malthus en 1798, en su célebre “Ensayo sobre la población”. Este autor inglés alertó que, mientras que la población crecía exponencialmente, la producción de alimentos lo hacía de forma lineal. Si bien hasta entonces los alimentos podían abastecer a casi todos, era lógico pensar que en el momento en que las necesidades de la población superasen los alimentos disponibles se crearía una situación inevitable de insuficiencia alimenticia. En otras palabras, que el aumento de los habitantes haría tan pequeña la parte del pastel correspondiente a cada uno que habría hambre en el mundo.

Lo interesante de esta visión es que el hambre se veía como un problema de falta de producción de alimentos. La solución señalada por Malthus era la contención del crecimiento de la población, con métodos bastante discutidos por autores que le sucedieron. El estudio “Los Límites del crecimiento” (1972), conocido también como Informe Meadows, se apoyó en la misma perspectiva al analizar el problema del hambre como la falta de alimentos para todos, ligado también a la naturaleza finita de tierras cultivables y de agua utilizable. La solución expresada desde este informe, al contrario que en el primer caso, pasaba por un aumento de la productividad en la producción de alimentos. En este sentido, se entendió la Revolución Verde asiática como una oportunidad para hacer crecer la cantidad de alimentos disponibles basándose en una agricultura intensiva y química.[1]

Si hacemos un salto hasta la actualidad, encontraremos en gran parte del imaginario colectivo de la población dos grandes factores como causas directas de las hambrunas que hay en el planeta: la pobreza y las sequías. Sin querer restar su innegable impacto, es preciso indicar que estos factores tienen a la vez sus causas. En cuanto a las sequías, sufridas sobretodo en el África Subsahariana, hay que decir que están cada vez más relacionadas con el cambio climático y que por tanto no se pueden ya tratar como simples consecuencias de una meteorología impredecible. En el otro caso, la pobreza de la población y su incapacidad para comprar alimentos no ha sido así históricamente sino más bien al contrario. Como veremos más adelante, los planes de ajuste estructural dictados por el FMI, más el encarecimiento de las materias primas, han llevado a muchos países a tener que comprar a precios altos los alimentos que antes producían ellos mismos.

En cualquier caso, el problema de escasez de alimentos como causa de la hambruna ya ha sido negado incluso por la FAO, que aseguró en uno de sus trabajos que se produce actualmente comida para 12.000 millones de personas, superando de largo los habitantes que hay hoy en el mundo. Debemos concluir, como afirma que Olivier De Schutter[2], que “El derecho a la alimentación no consiste en una mayor producción de alimentos”. El problema no se halla ya en esta causa, sino en el acceso a la tierra y a los alimentos. El pastel es bastante grande, pero está mal repartido.

A continuación se analizan cinco aspectos del mundo agrícola que afectan directamente a este desigual acceso de la población a los alimentos. Estos son el monocultivo exportador, la liberalización, los transgénicos, la especulación y los agro-combustibles. Los cinco factores están muy interrelacionados y todos ellos responden al modelo neoliberal imperante en la economía mundial, desarrollado en las últimas décadas de la globalización capitalista.

UNA DEUDA INJUSTA

Para entender el primer elemento, tenemos que remontarnos a las décadas de los setenta y ochenta. Entonces, lo países más pobres se encontraban enormemente endeudados con los países ricos y su deuda externa alcanzaba cifras inaceptables para los estados más poderosos. En 1982, México declaró la incapacidad de pagar su deuda y se le implantó un estricto Plan de Ajuste Estructural por parte del FMI y del Banco Mundial (BM). En los años sucesivos, gran cantidad de países latinoamericanos y africanos se vieron obligados a aplicar estos planes, muy similares a lo que hoy llamaríamos Planes de Rescate.

Estos ajustes se basaban en el ideario neoliberal plasmado en el Consenso de Washington, que prevé una reducción del peso del estado y una mayor privatización y liberalización de los mercados. En el caso que nos ocupa, esto se materializó en la exigencia de enfocar su agricultura hacia el monocultivo destinado a la exportación. Según la teoría económica, ello permitiría a los países disponer de divisas para pagar sus deudas y desarrollar así su propia actividad industrial, que terminaría al final con la salida del país de la pobreza. Se trataba pues de especializase en cultivos concretos para aprovechar las economías de escala y ser más competitivos en el mercado mundial. Paralelamente, se forzó a estos países pobres a reducir su gasto público en subvenciones a la agricultura.

El resultado fue un cambio profundo en la producción de alimentos del país, ya que se abandonaron progresivamente los cultivos de cereales y otros alimentos básicos para pasar a cultivar soja, café, cacao y otros productos destinados al comercio internacional. En realidad, algunos de ellos como Somalia, Haití y Mozambique pasaron de ser autosuficientes alimenticiamente a necesitar de la importación de alimentos para cubrir sus propias necesidades. De esta forma, la apertura permitió que alimentos producidos por el norte inundaran los mercados del sur gracias a la subvención que recibían.

Las consecuencias de este modelo también se traducieron en una progresiva concentración de las tierras en pocos propietarios y una disminución de la capacidad de alimentación de la población local. En este sentido, el acaparamiento de tierras continúa siendo hoy de gran actualidad y en varios países africanos la superficie agrícola en negociación llega a cifras enormes. Según Veterinarios Sin Fronteras, en Uganda este porcentaje llega al 14%, en Mozambique al 21% y en la RD Congo al 48%.

LA LIBERALIZACIÓN

El segundo elemento, estrechamente relacionado con el primero, es el proceso de liberalización del mercado de los alimentos a escala global. Para ello, resulta obligado mencionar el Acuerdo sobre Agricultura (AsA) negociado en el marco de la Ronda Uruguay del GATT. Hasta entonces, los países ricos habían defendido el proteccionismo en el ámbito alimentario para asegurar el abastecimiento de sus ciudadanos. Pero al inicio de la Ronda Uruguay, en 1986, estos países decidieron ampliar la liberalización también a este sector.

Estas nuevas políticas se plasmaron en dos líneas concretas que siguen hoy vigentes. El primero es la conocida como tarificación, que comporta la sustitución de medidas no arancelarias por aranceles, eliminando así las otras barreras comerciales. En la misma línea, se fijó una Medida Global de Ayuda, que marca el límite de proteccionismo que pueden ejercer los países. La segunda de las ramas fue la disminución de la protección arancelaria y el fin de los subsidios a la exportación, así como la prohibición de aplicar nuevos aranceles que no se hubiesen aplicado hasta entonces.

Esta serie de medidas se aplicaron de forma asimétrica entre el norte y el sur. Para el nivel de subsidios en el norte, por ejemplo, se tomaron los registros más altos en las últimas décadas. Otra práctica que favoreció a los países más ricos es la agrupación en categorías de productos y no la protección producto por producto. También en lo que respecta a la clasificación, es del todo determinante el mecanismo de distinción “por cajas” de colores como método para distinguir las medidas de protección, y que son usadas de facto por Estados Unidos, Europa y Japón para aplicar las excepciones que responden a sus intereses. Por último, el hecho de prohibir nuevos aranceles fue claramente favorable a los países del norte, que ya protegían sus mercancías con anterioridad.

El tema de los aranceles y las subvenciones ha sido objeto de una queja histórica de muchos sectores. La protesta se centra en denunciar la hipocresía de algunos países que defienden el libre comercio internacional pero a la vez aplican numerosas excepciones a sus productos en forma de subvenciones que frenan la capacidad exportadora de los países más pobres. Aquí quisiera puntualizar sobre esta queja porque como se ha dicho ya, se realiza desde perspectivas muy distintas.

A mi entender, la innegable hipocresía de estos países en predicar la liberalización del comercio a terceros y aplicar medidas proteccionistas a sus propias economías no debería llevarnos a pensar que la anulación de estas medidas de subvención contribuiría a una situación mejor. Un buen ejemplo de ello es el acuerdo agrícola firmado entre la Unión Europea y Marruecos en febrero de este mismo año. El convenio supone una mayor y mejor entrada de los productos agrícolas marroquíes en el continente europeo ya que disminuye los aranceles vigentes y las cantidades máximas permitidas. Dejando de lado los innegables y dramáticos efectos para el campesinado europeo, que no puede competir en precios con el marroquí, se podría pensar como mínimo significará mayores capacidades de desarrollo del país árabe por el aumento de su producción y exportación. Pero el acuerdo firmado pretende transformar la agricultura marroquí hacia el modelo intensivo. En consecuencia, beneficiará a las grandes empresas que, aplicando economías de escala, podrán ser más competitivas y serán las que en su mayoría se vean recompensadas. En la pequeña agricultura de Marruecos, en cambio, no repercutirán tales efectos positivos, sino que más bien se verá perjudicada por la expansión de un modelo de agricultura intensiva[3].

LA BIOTECNOLOGÍA

El tercer elemento relacionado con la dificultad de acceso a los alimentos es el de la biotecnología. En la última década, se ha desarrollado rápidamente la investigación y aplicación de modificaciones genéticas en los alimentos cultivados. A pesar de ser planteadas como grandes soluciones al problema del hambre, estas “mejoras” de semillas y cultivos acarrean unos problemas que hacen peligrar el derecho a la alimentación. Para empezar, es necesario decir que tales avances tecnológicos, que buscan crear plantas más resistentes y productivas, se encuentran en manos de grandes corporaciones. El control de estos grupos es total y se dirige al estricto beneficio privado. El hecho, por ejemplo, de que algunas de las semillas modificadas genéticamente sean estériles crea una dependencia total de los campesinos, que deben comprar cada año nuevas semillas a la empresa. Por otro lado, estas mismas semillas pueden ser más resistentes pero necesitan igualmente de productos químicos para su crecimiento y desarrollo. Estos productos, básicamente fertilizantes y pesticidas, son subministrados por la misma empresa, con lo cual su negocio resulta redondo.

También este aspecto ha sido tratado en el trabajo de la OMC, concretamente en el Acuerdo sobre los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC). El acuerdo obliga a todos los países, en el plazo de diez años, a elaborar leyes que protejan las patentes, los derechos de autor y las marcas registradas. De este modo, el ADPIC compromete a los países a impulsar la biotecnología y el cultivo de transgénicos. Los claros ganadores son pocas empresas agroindustriales como Cargill o Monsanto, que consiguen acumular miles de patentes sobre semillas y controlar así gran parte de la producción mundial de alimentos. Los efectos del elemento de la biotecnología en la agricultura se resumen pues, en una mayor vulnerabilidad de los pequeños productores, la promoción de la agricultura intensiva y una menor diversidad de las especies.

LA ESPECULACIÓN

El cuarto elemento a tratar es la especulación hecha sobre las materias primas y sus repercusiones. Con el desarrollo de la economía financiera mundial y la desregulación del movimiento de capitales, la actividad especulativa ha incrementado enormemente los últimos años. Después de la crisis de las hipotecas basura en 2008, muchos inversores, buscando grandes beneficios a corto plazo, decidieron dirigir sus apuestas financieras a productos básicos como el trigo, el café o el cacao. De este modo, los mercados de futuros se convirtieron en el escenario donde fondos de inversión, compañías de seguros y otros agentes podían especular libremente. La consecuencia inevitable de tales prácticas son las rápidas y espectaculares subidas y bajadas en el precio de los alimentos, que afectan negativamente las poblaciones de los países más pobres. Refiriéndose a esta inestabilidad, De Schutter explica sus efectos negativos:

La población, y esto lo vimos en 2007 y 2008, sufre todo el rigor de los aumentos de precios porque el Estado depende de las importaciones. Cuando los precios son demasiado bajos ocurre lo contrario: son los productores locales los que a veces se ven obligados a abandonar sus campos para incorporarse en los barrios de tugurios.[4]

LOS AGRO-COMBUSTIBLES

El quinto y último elemento es la aparición de los agro-combustibles y su expansión debido a las subvenciones recibidas desde Estados Unidos y la Unión Europea. Pese a que éstos nacieron de la idea de disminuir las emisiones de CO2 producidas por el consumo de petróleo en el transporte, produciendo combustible vegetal, los efectos que ha tenido su cultivo están muy relacionados con el acceso a los alimentos. Una vez más, aquí se entrelazan distintos de los elementos analizados, ya que la agricultura de maíz para hacer combustible se aplica en forma de monocultivo y los débiles límites al libre comercio permiten que el consumo en el norte se base en la producción en el sur. Es precisamente en países como Brasil donde los efectos de los agro-combustibles se han hecho más evidentes por las amplias zonas donde se ha cultivado.

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Resumiendo, podemos señalar tres problemas asociados con estos cultivos: el primero es la deforestación que ha provocado sobretodo en zonas de la Amazonía. En segundo lugar, su cultivo provocó el aumento del precio del maíz debido a su mayor valorización. Según un informe del Banco Mundial, el alza de precios producido a causa de los agro-combustibles entre 2002 y 2008 fue del 75% sobre el 140% de subida global[5]. Por último, la disminución de la producción agrícola destinada a ser alimento también ha tenido importantes consecuencias. Sólo en 2007, esta disminución fue de 100 millones de toneladas de cereales. Las consecuencias negativas del biocombustibles fueron tan negativas que incluso la OCDE recomendó en 2008 una moratoria sobe los agro-combustibles y un cambio en sus políticas[6]

CONCLUSIONES

Podemos concluir, pues, que el proceso de mercantilización de los alimentos basado en el modelo neoliberal a nivel internacional afecta directa y negativamente a la capacidad de las personas de acceder a los alimentos, a parte de otros daños perjudiciales al medio ambiente.

La siguiente cita clave para aclarar como seguirá esta cuestión en el futuro la encontramos en la Conferencia de Río 2012, que se celebrará justo 20 años después de la famosa Cumbre de la Tierra que acogió la misma ciudad y que supuso el punto de partida de una mayor preocupación global por la salud del planeta. En dicha cumbre, se enfrentarán básicamente dos visiones distintas. La primera, que ha marcado los cinco puntos analizados en este ensayo, se conoce como Economía Verde y apuesta por tratar de frenar la destrucción ambiental a través de los mecanismos del mercado. Economía Verde significa pues seguir tres líneas concretas: mercantilización y privatización, búsqueda de soluciones a través de la tecnología, y traspasar las ayudas públicas a iniciativas privadas.

La otra visión viene defendida por movimientos como Vía Campesina y autores como Esther Vivas, que rechazan frontalmente la Economía Verde al entender que la mercantilización de los recursos naturales sólo beneficiará a las grandes empresas pero no logrará detener la destrucción planetaria y paliar el hambre en el mundo a través de sus soluciones tecnológicas. Según Vivas, la Economía Verde solo propone:

Medidas que intentan esconder las causas estructurales que nos han conducido a la crisis ecológica actual, que buscan hacer negocio con la misma y que no harán sino agudizarla.[7]

Por eso, ella argumenta que la solución pasaría por cuestionar directamente la lógica de producción y consumo creciente, abandonando así una la vía del “siempre más” que nos evoca inevitablemente al agotamiento de recursos naturales.

Como hemos visto en este trabajo, las causas del hambre en el mundo han ido variando a lo largo de los siglos. La relevancia de la situación actual, empero, recae en el hecho de que hoy somos capaces tecnológica y logísticamente para que todas las personas puedan alimentarse. Observando los fracasos de la lógica mercantil en este ámbito, resulta imprescindible apostar por el acceso a los alimentos y primar el derecho a la alimentación por encima de la ganancia monetaria. En consecuencia, los caminos a seguir deberán ir en dirección a la soberanía alimentaria para lograr que ya ninguna persona pase hambre.

BIBLIOGRAFÍA

  • Areskurrinada, E., La liberalización agrícola y el aumento de la inseguridad alimentaria mundial, Cuadernos Bakeaz 86.
  • CADTM, Repaso de las causas de la crisis alimentaria mundial, agosto 2008.
  • Meadows, D.H., Meadows D.L., Randers, J. y Behrens III, W.W., Los límites del crecimiento, 1972.
  • Soberanía Alimentaria. Biodiversidad y Culturas,9, Abril 2012.
  • Veterinarios Sin Fronteras, Paren, aquí vive gente. Los impactos del agronegocio en África, 2011.
  • Vivas, E., Cuando la economía se tiñe de verde, Público, 17/06/2012.

[1] La objeción del Informe Meadows a la Revolución Verde se limita a algunos efectos secundarios sociales que producía, como el desempleo agrícola y la acumulación de tierras por grandes propietarios.

[2] Relator Especial de las Naciones Unidas sobre el Derecho a la Alimentación.

[3] Para más información sobre este acuerdo, se recomienda leer Un mal acuerdo entre la UE y Marruecos, de Gloria Martínez y Carles Soler, en Soberanía Alimentaria. Biodiversidad y Culturas, num.9, Abril 2012.

[4] Mesa Redonda sobre la liberación del comerció y la OMC entre Pascal Lamy y Olivier De Schutter, 2009. www.wto.org

[5] BM, Secret report: biofuel caused food crisis, 2008. Dicho informe no fue publicado por el Banco Mundial y se filtró a través de la prensa británica.

[6] OCDE, Évaluation économique des politiques de soutien aux biocarburants, 16 de julio de 2008.

[7] E. Vivas, Cuando la economía se tiñe de verde, Público, 17/06/2012.


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